viernes, 5 de agosto de 2016

Labello cereza

Dos años, ya dos años habían pasado de aquel momento. Del reencuentro.
Él, Inexperto de su parte, primerizo luego de tanto tiempo;  ella un tanto tranquila, como si estuviera acostumbrada.
Se encontraron una noche, a recordar historias y ponerse al día, ya que hacía años que no se veían.
Terminaron en la misma habitación, al igual que 6 años atrás, sabían que tenían algo pendiente, por lo cual no tardaron mucho en reducir las distancias sumergiéndose el uno en el otro.
Fue lo que tuvo que ser, ni más ni menos, él un tanto desconforme con su actuar fiel a sus gustos, que a ella no pareció disgustarle, a pesar de los percances.
Los encuentros crecieron, a destiempo esparcidos en el tiempo.
“No te enamores de mí,  no voy a pedirte nada más, tampoco quiero. Solo tengamos sexo, no olvidemos la amistad… Si necesitas ayuda con otra mina puedo ayudarte, aconsejarte, no voy a ser celosa de vos. Lo que compartimos, en un camino de ida, tene cuidado” Fueron sus palabras una noche. Confiaron en ellos, se contaron todo hasta los problemas más profundos e íntimos que los complicaban.
Vivieron calor, cariño, fueron volcán en erupción, ríos de lava sus cuerpos.
Confundieron el amor, ellos lo sintieron, lo pensaron, sabían que no debían o simplemente les parecía.
Tuvieron un final, un último encuentro sin saberlo, sin esperarlo, no fue el mejor de todos, quizás si el peor, pero si a su estilo, loco, arriesgado. Él quedo con una gran deuda para con ella.
La llevo hasta  su casa, la besó en los labios, luego en la mejilla y se fue… sabiendo que sufría una gran pérdida, que le dejaba una enorme huella en su vida.

La beso en los labios, luego en la mejilla.

[Hoy, luego de dos años cumplo con escribirte como asi me lo pediste entre lineas la primera vez]

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